Evangelismo: ¿por qué ha decaído tanto en los últimos años?

Estamos viviendo ya casi dos décadas de pasividad en cuanto a la pasión evangelística. Esto es irónico ya que "evangélico" y "evangelístico" provienen de la misma raíz: “evangelio”, que significa buenas noticias. Creo que hay varias razones para esto.

Primero, ha habido una reacción violenta a los modelos anteriores que parecían reduccionistas y mecanicos.

Os Guinness en Fool’s Talk observó cómo "las formas recientes de evangelismo no se basan en la retórica clásica o incluso en la buena teoría de la comunicación, sino en los manuales de técnicas efectivas de ventas". [1]

A algunos les molesta la idea de que el evangelismo se reduce a pedirle a la gente que responda dos preguntas: "Si murieras hoy, ¿sabes con certeza que irías al cielo?" Y, “¿Estás seguro de que estarás con Dios en el cielo?

Con el tiempo, la gente sentía cada vez más que este modelo era reduccionista y mecánico, por lo que (para bien o para mal) se alejaron de él.

Hoy en día es más probable que los cristianos se dediquen más a hacer bromas sobre la forma en que solían evangelizar que a evangelizar realmente. Deberíamos poder frenar ese espíritu cínico y volver allí donde están las personas para llevarlas al evangelio.

Segundo, muchos creyentes no tienen confianza en el evangelio.

Un estudio de LifeWay Research encontró que aproximadamente la mitad de las personas que asisten regularmente a una iglesia evangélica dan una respuesta pluralista o universalista a las preguntas sobre la necesidad de que las personas conozcan a Cristo.

Un porcentaje mayor probablemente sería funcionalmente universalista o pluralista. Mostrar cómo el evangelio y las Escrituras se conectan y ayudan a dar sentido a toda la vida, no solo a nuestra vida espiritual, puede aumentar la confianza en él. Un estudio encontró que los millennials tienen cuatro veces más probabilidades de permanecer en la iglesia cuando se les muestra cómo la Biblia se aplica a toda la vida, incluida su carrera.

Tercero, cada vez es más difícil compartir el evangelio en un contexto donde las personas están más lejos de lo que sus padres o abuelos creían.

Socialmente estamos vinculados con personas mucho más seculares que lo que eran antes. Esto significa que hay una mayor brecha entre lo que creemos y lo que ellos creen, por lo que el punto de partida para compartir a Cristo es diferente. No podemos asumir que creen cosas como nosotros. Al igual que el apóstol Pablo en Atenas (Hch 17:16-34), podemos comenzar en el puento donde ellos están (no en el punto en el que estamos nosotros) y mostrarles a Cristo.

Un cuarto problema es una especie de reemplazo espiritual que quita el evangelismo y pone en su lugar otro énfasis espiritual.

Hoy hablamos más sobre la justicia social o la transformación social al ver que son claramente importantes y parte de la misión. Sin embargo, no deberíamos quitar el énfasis de nuestro llamado de salvación de las almas remplazándolo con pasión por otros aspectos (al parecer más prácticos) de la misión.

"Todavía creemos en el evangelismo", decimos. Pero decir “todavía" significa que estamos a una década de no creer en ello, porque lo que descuidamos en una generación a menudo es rechazado en la siguiente.

Podemos (y debemos) agregar asuntos importantes a nivel social sin restar atención al evangelismo.

Un quinto problema es nuestra falta de compasión por los perdidos que nos rodean.

Jesús dijo a sus discípulos: «La cosecha es grande, pero los obreros son pocos.  Así que oren al Señor que está a cargo de la cosecha; pídanle que envíe más obreros a sus campos» (Mat 9:37-38). Justo antes de estos versículos, Mateo describe el estado emocional de Jesús, observando que Jesús tuvo compasión por ellos: «Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, porque estaban confundidas y desamparadas, como ovejas sin pastor». El término "compasión" alude a los órganos viscerales, se trata de un afecto profundo y desgarrador.

Es extraño que Mateo describiera el estado emocional de Jesús, pero esto revela que el corazón de Jesús fue y es para las personas que no lo conocen.

Una de las razones por las cuales las personas no comparten el evangelio es porque no comparten la profunda compasión de Jesús. ¿Nos preocupamos por las personas? Si no es así, ¿nos importa el hecho de que no nos importe?

Oremos para que la gente pueda llorar con Jesús, mirar por su ciudad y llorar porque son como ovejas sin pastor. A las personas no les importa cuánto sepamos de Dios a menos que sepan cuánto nos importan a nosotros.

Sexto, existe el temor de no tener las respuestas a las preguntas que la gente plantea.

Compartir el evangelio en la década de 1950 fue más simple para muchos: incluso las personas que no iban a la iglesia pensaban que la iglesia era buena. Si alguien compartió el evangelio contigo, seguro que tú ya conocías el marco general del evangelio. Sabías que Dios inspiró un libro llamado la Biblia; sabías que envió un Hijo para salvarnos, pero realmente no entendías cómo podrías conocerlo personalmente.

La evangelización en la era de la cristiandad fue impulsada en gran medida por decirle a la gente los detalles de cosas respecto de las cuales ya tenían una idea, facilitando la conexión de los puntos para ellos.

Pero hoy en día, si alguien pregunta “¿por qué Jesús es el único camino?", ¿qué diríamos? O si alguien dice "¿qué crees sobre la creación?", ¿cómo responderíamos? Hay cientos de cosas que la gente podría preguntar, por lo que los creyentes se ponen nerviosos porque no sabrían qué decir.

Para las personas que tienen miedo, yo les diría que pueden responder con un sencillo y genuino “no sé”. En ninguna parte de las Escrituras se nos dice que respondamos todas las preguntas que una persona tiene. Se nos dice que les brindemos la esperanza que se encuentra en Cristo (1 P 3:15). Qué gran oportunidad para mostrar humildad, y para aprender y escuchar juntos para que podamos compartir con nuestros amigos.

Aquí hay un último problema: algunas personas piensan que sus vidas no son lo suficientemente buenas para compartir el evangelio.

"Si fuera más piadoso, compartiría de Jesús con otros", piensan. Pero, ¡el evangelio significa buenas noticias! Y aquí hay algunas buenas noticias para el cristiano: Dios usa personas rotas y desordenadas, como tú.

Una de las cosas que me encanta saber es que puedo ser abierto y compartir que yo también soy imperfecto y  quebrantado, pero Jesús me salvó y me está sanando. Esa autenticidad y vulnerabilidad es efectiva para compartir a Cristo hoy.

¡Que nos mueva una mayor convicción de que las mujeres y los hombres sin Cristo están muertos en sus delitos y pecados, y necesitan escuchar y responder a las buenas nuevas del evangelio!

 

 

[1] Os Guinness, Fool’s Talk: Recuperando el arte de la persuasión cristiana (Downer’s Grove: IVP Books, 2015), 41.


Ed Stetzer es director ejecutivo del Centro Billy Graham, se desempeña como decano en Wheaton College y publica recursos de liderazgo de la iglesia a través de Mission Group. El equipo de Exchange ayudó con este artículo. El artículo original aparece en este enlace.

Edmundo Hernández es misionero mexicano, es asesor de iglesias y equipos de liderazgo, ministerio que ejerce al lado de su esposa Karla Pawling desde la ciudad de Barcelona. Coordina la plataforma www.comparteideas.org y es un impulsor del ministerio juvenil a través del Movimiento Sentido Contrario.

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

redes sociales:
  • Facebook B&W
  • Twitter B&W
  • Instagram B&W
Otros temas:

September 17, 2020

Please reload

etiquetas
Please reload

© 2023 by The Artifact. Proudly created with Wix.com

  • Facebook B&W
  • Twitter B&W
  • Instagram B&W