5 mentiras que disminuyen un liderazgo efectivo

Un ritmo rápido y una alta presión pueden hacernos creer mentiras funcionales , incluso aunque nos hayan enseñado que no son ciertas.


Las llamo mentiras funcionales porque no son inmorales o pecaminosas, sin embargo no por eso dejan de ser dañinas.


“Mentiras de liderazgo” puede resultar una frase un poco fuerte, pero “concepto erróneo” es muy suave para la importancia que tienen.


He conocido gente muy grande que lidera como si estos conceptos fueran ciertos. Así que, permitid un poco de gracia para una palabra quizás un poco dura, y seamos prácticos.


¿Qué es lo que nos hace creer en cosas que no son ciertas? A veces es algo tan simple como el hecho de que nunca nos han dicho la verdad o el principio exacto. Son ideas más fáciles de llevar (porque requieren menos reflexión) y más sencillas de aceptar que las ideas verdaderas y profundas. También puede ser que queramos creerlas porque esperamos que sean verdad.


Y al final, como hemos mencionado, un ministerio a un ritmo rápido con una presión que aumenta puede causar que adoptemos ideas que no son verdad porque, en medio de la vorágine de cosas que tenemos que hacer y resolver, solemos perder la perspectiva.


A veces no se trata de lo que creemos conscientemente, sino de lo que practicamos. Cuando hablamos de liderazgo, lo que practicamos declara lo que creemos.


Por ejemplo, yo quizás no crea de manera consiente en que el liderazgo me lleva a  “estar solo en la cima”, pero si me comporto de esa manera, esa es en verdad mi creencia subyacente.


La misma idea también es aplicable a la inversa. Por ejemplo, alguien puede creer rotundamente que la oración es la clave para una vida cristiana plena, sin embargo, no la practica. Esto superó a lo que cree.

5 MENTIRAS QUE DISMINUYEN UN LIDERAZGO EFECTIVO

1. Actividad es igual a productividad.


Yo sé que el ser activos no iguala la productividad, sin embargo a veces pedaleo aún más fuerte, creyendo que me hará ir más rápido y llegar más lejos. Pero en realidad el hecho de hacer más cosas puede tener el efecto contrario, especialmente si te aparta de hacer las cosas que en verdad importan.


El estar ocupado no quiere decir que haya fruto. El hacer muchas cosas a veces nos engaña y nos hace pensar que estamos haciendo lo correcto, pero si lo que hacemos no nos acerca a la visión de Dios para nuestra vida, familia y ministerio... es solo activismo.


He conocido a cientos de líderes que trabajan muy duro. Siempre están haciendo cosas, la lista de pendientes y cosas por hacer es larguísima, increíblemente larga. Pero no parece que consigan terminar casi nada cuando hablamos de obtener resultados.


Si miramos bien de cerca veremos que escoger el color de la pintura para la guardería, comprar el café para la oficina y rellenar las bandejas de la santa cena. Estas son cosas que se tienen que hacer, pero hay alguien más que está deseando ayudar y hacerse cargo de ellas.


Estas tres cosas quizás no estén en tu lista, pero la gran pregunta es: ¿estás siendo productivo o simplemente estas ocupado?


Haz solo las cosas que puedas hacer bien y levanta lideres para que te ayuden con el resto.


2. Tus errores te definen


Los errores no te definen como líder ni tampoco lo hacen tus logros.


Recuerda, nunca eres tan bueno como la gente dice que eres, tampoco eres tan malo como dicen que eres.
No te quedes atascado en el desánimo o te machaques porque has cometido algún error, porque ¿quién no los ha cometido? Sigue liderando.


La manera con la que respondes a aprender y crecer de tus errores te ayuda a formarte como líder.
Date permiso de tomar riesgos, extenderte y cometer errores. Simplemente no cometas el mismo error dos veces, porque esto significaría que no estas aprendiendo.


La verdad es que te defines como líder por la manera en la que amas, sirves e inviertes en otros. Pero te defines como persona porque lo que Jesús dice acerca de ti es verdad… ¡y su gracia es increíble!


3. Los resultados están garantizados


No hay una fórmula para el éxito. Hay principios fuertes que han sido probados, y estrategias que te ayudaran a guiarte en la dirección correcta, pero solo te ayudan, no te garantizan resultados.


Demasiados líderes se desaniman y se frustran, piensan: “estoy haciendo todo bien, ¿por qué no funciona?”. Esta es una actitud muy humana, pero no ayuda.


Jesús nos llama a ser fieles y fructíferos, pero a veces Él define los resultados de una manera diferente a la nuestra.


Los líderes se pueden quedar atascados en sus pensamientos si creen que Dios les debe dar  resultados específicos o una cantidad de éxito porque hicieron todo bien. Esto puede resultar en una manera muy desalentadora para vivir.


El verdadero principio guía es que, sobre todo, debemos obedecer a Dios y hacer lo que nos pide que hagamos lo mejor posible, y confiar en Él para los resultados.


Esto no debe ser una excusa para bajar nuestras expectativas. Como líderes, seguimos siendo responsables.
Es una realidad que hay temporadas en las que la obediencia supera a la realización.


4. La cima es solitaria


Seguramente has escuchado la frase “la cima es solitaria”, y cuando tienes todo el peso de la responsabilidad, parece comprobarse. Pero en realidad no es así a menos que tú lo permitas.


Ningún líder debería operar de manera tan independiente que le haga estar solo (aunque esté liderando en niveles altos, medios o bajos).


Hay momentos en los que tienes que tomar decisiones que resultan muy pesadas para llevarlas en soledad. Siempre es mejor liderar en el contexto de equipo, de esa manera no estarás solo frente a situaciones de tanta responsabilidad.


Lo ideal es traer a consejeros en los que puedes confiar a tu círculo cerrado, líderes que te quieren y se preocupan por ti, oran por ti, te asesoran, te dicen la verdad y te apoyan.


5. La posición determina la influencia


La mentira de liderazgo que cree que tu posición determina tu influencia es probablemente lo más común en esta lista. Sin embargo, ya se sabe que esto no es verdad.


Pero esta mentira hace tropezar a muchos líderes porque se comportan como si fuese una realidad contundente.


Parte de esta realidad es porque es normal y natural querer que las organizaciones se levanten y funcionen. Creemos que cuanto más alto mejor, pero esto no siempre es lo mejor para ti o lo que Dios tiene en mente para tu vida en este tiempo.


No hay nada de malo en tener un cargo alto en la organización, pero no te engañes pensando que tener un título o el nombramiento te dará más influencia. O que la falta de un título reduce tu capacidad de marcar la diferencia.


La pregunta importante es: ¿estás dispuesto a quedarte en donde Dios te ha puesto hasta que Él te quiera promover?


Una vez esto esta arreglado en tu corazón, tu podrás cultivar la máxima influencia donde sea que estés en la organización. La influencia que es para el bien y crecimiento de otros.


La verdadera influencia se trata de añadir valor a otros y ayudar al equipo a que alcancen la visión.

 

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El autor de este artículo es Dan Reiland. Es el pastor ejecutivo de la iglesia de 12stone en Lawrenceville, Georgia. Anteriormente se asoció con John Maxwell durante 20 años, primero como pastor ejecutivo en el Skyline Wesleyan Church en San Diego, luego como vicepresidente de liderazgo y desarrollo de iglesia en INJOY.

 

Este artículo originalmente apareció en www.danreiland.com y fue reposteado por www.outreachmagazine.com desde donde nosotros lo tomamos para su traducción al español.

 

Traducido por Natalia Holowati Juailler, colaboradora en el ministerio infantil en la Iglesia ESxFE, Barcelona.

 



 

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September 17, 2020

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