Iglesia y suicidio. Podemos hacer más.

Para muchos alrededor del mundo la salud mental no es un tema meramente teórico, para ellos juega un papel tan crucial que puede impactar de manera profunda cada momento del día día. Para algunos la lucha es manejable aunque perturbadora, pero todavía son capaces de funcionar cerca de sus capacidades normales. Otros, sin embargo, tienen una experiencia muy diferente: luchan con las fuerzas que les quedan hasta que están totalmente desgastados y, trágicamente, se ven frente a la elcción del suicidio como algo perfectamente viable.

Desafortunadamente, hoy en día, es muy probable haber conocido a alguien que acabó con su propia vida como consecuencia de una enfermedad mental como la depresión.

En LifeWay Research se realizaron dos estudios: el primero se centró en el punto de vista de los asistentes a las iglesias en relación con el suicidio y, el segundo, en la perspectiva de los pastores. Ambos estudios fueron patrocinados por la American Association of Christian Counselors, el programa de Liberty University Graduate Counseling y The Executive Committee of the Southern Baptist Convention.

Los estudios encontraron que el 50% de los asistentes a las iglesias dicen que se han enterado de un suicidio en su comunidad local casi una vez al año, y el 32% han tenido un familiar cercano que se ha quitado la vida.

El papel de la iglesia

Según estos estudios el 76% de los asistentes a las iglesias coinciden que el suicidio es un problema que debe abordarse de manera proactiva en sus comunidades locales y el 84% de las iglesias están de acuerdo con proporcionar recursos y apoyo a las personas con alguna enfermedad mental y a sus familias. Abrumadoramente los asistentes a las iglesias coinciden con que es necesario abordar el tema del suicidio y la salud mental teniendo en cuenta que la iglesia tiene la responsabilidad de ser una voz principal en esta conversación. Entre los asistentes a las iglesias que han tenido un miembro de la familia o un conocido que se ha suicidado, solo el 4% dijo que los líderes de la iglesia eran conscientes de las luchas o el riesgo de suicidio de la persona en los meses previos a su muerte; y otro 4% dijo que los miembros de la iglesia eran conscientes.

Esto realmente es antitético para la manera como la iglesia debe funcionar con estos temas. Nuestras iglesias siempre deben ser lugares de seguridad y de comunidad para los que luchan con cualquier problema, especialmente para aquellos que batallan con su salud mental. No podemos seguir pretendiendo que el burn-out, la depresion y otras afecciones no nos competen como iglesia y liderazgo.

Lamentablemente muy pocas personas en riesgo de suicidio están hablando con sus comunidades religiosas y sus líderes acerca de sus luchas personales. Además solo el 14% de los asistentes a las iglesias informaron de que su iglesia había proporcionado capacitación y recursos a sus líderes durante el año pasado para poder identificar las señales de alguien que quiera cometer suicidio.

Podría haber una multitud de razones para estos dos hallazgos, pero nosotros, como iglesia y cristianos, debemos ser más intencionales y proactivos en materia de prevención. Déjame mostrar unas cuantas estadísticas más antes de ver a dónde podríamos llegar.

Las iglesias suelen actuar mucho más después de que se ha producido un suicidio. En el momento de la muerte de un ser querido los asistentes a la iglesia dijeron que sus iglesias locales respondieron a sus familias orando con ellos (49%), asistiendo al funeral (43%), visitando a sus familias (41%), enviando tarjetas de consuelo y ánimo (32%), proporcionando comida (31%) y permaneciendo en contacto después del funeral (30%).

Estas son buenas maneras de ministrar a las familias en dolor, pero hay que subrayar dos cosas: estos porcentajes son muy bajos en comparación con lo que debería estar ocurriendo. Como se puede ver hay más implicación después del suicidio que antes, y definitivamente deberíamos estar haciendo mucho más en el ámbito de la prevención y el acompañamiento.


Pero entonces, ¿qué podrían hacer las iglesias para ayudar a reducir el número de suicidios en sus comunidades?

1. Quitar el estigma

La investigación muestra que el 65% de los pastores no hablan a sus iglesias ni desde el púlpito ni en pequeños grupos sobre la depresión u otras enfermedades mentales o sobre la realidad del suicidio. Solo el  26% habla de ello varias veces al año.

Los sermones rompen los estigmas. Cuando los pastores están dispuestos a hablar públicamente sobre enfermedades mentales quitan parte de la vergüenza asociada con esas condiciones. Las iglesias deben estar mucho más dispuestas a reconocer y designar la presencia de problemas de salud mental en sus comunidades de fe.

Si las iglesias están haciendo un intento de identificar enfermedades mentales puede ser sabio que consideren la posibilidad de cambiar su enfoque. Las estrategias actuales han demostrado ser ineficaces: el 55% de los asistentes a iglesias coinciden en que las personas tienen más probabilidades de regar el rumor acerca de un suicidio que llegar a apoyar cercanamente a la familia. Esta conclusión debe avergonzarnos y debe llevarnos a destacar el trabajo que aún tenemos que hacer.

2. Luchar contra el daño

Las iglesias también deben buscar a los que están sufriendo y ofrecer su tiempo y recursos para ayudar. Algunas maneras específicas en las que la iglesia puede ayudar a los vecinos que tienen una enfermedad mental es hacer buenas preguntas y dejar que la gente comparta sus historias. Siempre deberíamos ser rápidos en escuchar en lugar de lanzar juicios. En última instancia las iglesias deben ser generosas con su tiempo y recursos, incluso cuando no resulte fácil o necesariamente conveniente.

3. Ser persistentes.

Las iglesias necesitan ser persistentes en tiempos de dolor. Es importante que tanto los líderes de la iglesia como los miembros continúen dando seguimiento cercano a las relaciones incluso cuando resulten complicadas. La investigación muestra que el 49% de los asistentes a las iglesias que han tenido un familiar cercano que ha acabado con su propia vida coinciden en que este había cortado con la mayoría de las relaciones.

Lamentablemente, en la mayoría de las congregaciones hoy, cualquiera puede desaparecer fácilmente. Muchas iglesias se basan más en un modelo de consumo donde un grupo de clientes se reúne para disfrutar de los bienes y servicios religiosos. Cuando una persona desaparece probablemente nadie se preocupe (si es que se dan cuenta) porque asumen que él o ella han decidido asistir a otra iglesia.

Esto abre brechas en las que caen muchos heridos. Debemos ser conscientes de esta realidad y cuidar a cada miembro como para detenernos de vez en cuando y preguntar: «Oye, ¿dónde está tal persona?». Este es el trabajo duro, pero importante, del ministerio enfocado en la comunidad. No podemos tomar el camino fácil y solo preocuparnos por las personas felices y relajadas que continúan eligiendo asistir a nuestros servicios y no retirarse de la relaciones. La iglesia es para los quebrantados. Una iglesia sin los quebrantados es una iglesia rota.

Necesitamos más.

Los estudios han revelado que las iglesias están implicadas de alguna manera: el 53% de las personas con enfermedades mentales agudas dijeron que han recibido apoyo de parte de sus iglesias.

Los asistentes a las iglesias también informaron de una variedad de actividades de apoyo que se realizaron en sus iglesias el año pasado: Algunas de las respuestas fueron las siguientes: «se enseñó la juventud la verdad bíblica de que cada persona tiene un valor único para Dios» (48%) y, «se alentó a la congregación a seguir apoyando a los amigos y familiares de quienes se han suicidado» (31%). Mientras que estas cifras son buenas, necesitamos más. Nosotros, como cristianos, tenemos que apoyarnos intencionalmente para evitar que los lastimados caigan a través de las grietas.

Las iglesias podrían utilizar sus instalaciones para organizar seminarios de capacitación para equipar mejor a sus miembros sobre cómo identificar y ser amigos de los que tienen enfermedades mentales. Esto no requiere que los líderes de la iglesia tengan un master en psicología, simplemente significa que los pastores deben ser intencionales en el equipamiento de sus miembros para ser buenos vecinos, localizar recursos útiles y promover la participación entre la congregación.

Los creyentes deben tener al alcance recursos para aprender a ministrar a gente con enfermedades mentales. Un método simple y eficaz es ayudar a los cristianos a identificar señales de advertencia. Algunos estudios muestran que muchos de los que cometen suicidio hablan con al menos una persona sobre el deseo de terminar con sus vidas. Equipar a la gente para escuchar y responder apropiadamente a una conversación con matices suicidas puede reducir en gran medida el riesgo de que la otra persona llegue al extremo de suicidarse.

Nuestro llamado

En general, nuestro llamado como cristianos para apoyar a quien está sufriendo viene de Jesús. Cuando Jesús vio a la gente herida se acercó a ellos, los cuidó y envió a sus discípulos a cuidarlos. Nuestro llamado, entonces, es claro: debemos buscar a los quebrantados incluso cuando esto sea complicado y difícil.

Es importante repetir esta frase: la iglesia sin los quebrantados es una iglesia rota. Debemos ser  agentes de reconciliación dirigidos por el Espíritu Santo para compartir el amor de Jesús con los heridos y llevarles a un Salvador que los ama profundamente.
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Ed Stetzer lleva la cátedra de Iglesia, misión y evangelismo en Wheaton College. Sirve como decano de la Escuela de misión, ministerio y liderazgo en el Wheaton College. Es director ejecutivo del centro Billy Graham, y publica recursos de liderazgo de la iglesia a través de Mission Group. Artículo tomado de Christianity Today.

 

Edmundo Hernández, fundador de la plataforma IDEAS, es asesor y consultor de pastores y equipos de liderazgo desde la ciudad de Barcelona, España. Junto con su esposa Karla Pawling desarrollan el ministerio ID (identidad y destino).

 

 

 

 

 

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September 17, 2020

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