La actitud más tóxica en tu iglesia

Fue una actitud que aprendí en la iglesia. Solía creer que era algo que me hacía más fuerte que los demás: sentía que yo era un pensador crítico lleno de ideas constructivas. Junto con mi cónyuge  compartimos muchas conversaciones en torno a lo que considerábamos “observaciones convincentes” sobre lo que la iglesia, el liderazgo y otras personas estaban haciendo mal, y sobre lo que podían hacer mejor. No importaba el hecho de que nuestros consejos no se los hiciéramos llegar a quienes creíamos que se beneficiarían de ellos. Pero al menos éramos capaces de ver los problemas, ¿verdad?

Con el tiempo, la satisfacción de oírnos compartir nuestros puntos de vista comenzó a desvanecerse y, en su lugar, se instaló en nosotros una sensación nauseabunda. Nos habíamos llenado de amargura y estábamos saboreando el resultado.

Sutilmente, sin siquiera darnos cuenta, nos habíamos convertido en cínicos. Y el efecto tóxico se podía sentir en nuestro matrimonio, nuestras relaciones y nuestra capacidad de comunicar el amor de Cristo por el mundo.

El cinismo ha llegado a convertirse en algo cotidiano. Nos encanta ver en acción a los cínicos profesionales (como ejemplo podemos recordar al Dr. House o a Risto Mejide), nos reímos de sus amargas quejas, sus crueles críticas y hasta citamos sus mejores frases. Tal vez su extrema negatividad hace que sea más fácil justificar nuestra tendencia tranquila a ser demasiado críticos, especialmente en nombre de algo bueno.

Pero el cinismo no siempre se presenta en la explícita crueldad que vemos en la televisión. En el día a día, se parece más a una crítica "constructiva" rápida, injustificada y, con aires de «no lo digo por criticar, de hecho a mí no me importa ni me afecta pero…».

Todos los adultos necesitamos desarrollar un pensamiento crítico para evaluar las circunstancias, pero está claro que no nos estamos refiriendo a eso en este post sino a la manera en la que constantemente evaluamos y criticamos a las personas y lo que hacen. La diferencia entre una cosa y otra podría resumirla con una frase que acuñé mientras era pastor en México: «Hay que ser críticos pero no criticones». A continuación algunos ejemplos de esta forma cínica de expresarnos (añádase a cada una de las siguientes frases la coletilla: «…pero no lo digo por criticar, sino porque de verdad me preocupa»)

«¡La adoración fue grandiosa esta mañana! Sin embargo no puedo creer que todas esas personas estuvieran paradas allí y no levantaran las manos. Algunos simplemente no toman el culto tan en serio como yo…».

«¡La reunión fue excelente esta mañana! Yo estaba tratando de quedarme quieto y reflexionar, pero el tipo que estaba a mi lado se movía demasiado abriendo a cada rato sus brazos, ¿puedes creerlo?…»

«El sermón fue bueno. Ojalá este que predicó lo aplicara en su vida, ¿no?…»

“Me enojé muchísimo con aquella mujer del centro comercial. No tenía sentido común y era muy grosera. Alguien tenía que decirle que era una maleducada…»

«El problema con la iglesia hoy en día es _____________________________…»

¿Este proceder te suena familiar?

El cinismo sutil o la naturaleza excesivamente crítica de nuestra cultura, es un elemento tóxico que está usando Satanás contra la iglesia. Y es aún más perjudicial porque a menudo ni siquiera nos damos cuenta de que está sucediendo.

Es hora de cambiar nuestra postura. No estoy sugiriendo la alternativa extrema de generar una cultura de iglesia falsamente positiva, demasiado vivaz, que dice que nada está mal. Jesús, Pablo, David y cada escritor de las Escrituras nos han mostrado que esto tampoco es lo correcto.

Pero cuando reconocemos los peligros del cinismo sutil, podemos entablar conversaciones honestas, productivas, amorosas y llenas de gracia.

Cuando Pablo escribió a la iglesia en Filipos, se dirigió a una corriente constante de negatividad. Pidió a la iglesia que se uniera en torno a su amor compartido por Cristo, se sacrificaran unos por otros e «hicieran todo sin quejarse ni discutir» (Fil 2:14). Con esto como nuestro ejemplo, recordemos lo siguiente cuando nos veamos tentados a lanzar comentarios sarcásticos u ofrecer una visión no solicitada :

La iglesia es la novia de Cristo y merece nuestro respeto. Está hecha de personas rotas que necesitan ser sanadas. Es posible que no estemos de acuerdo con todo, de hecho, podemos llamar la atención al comportamiento que se opone al evangelio, pero hablemos la verdad con el amor y la humildad de Jesús. Murió por esta novia a la que ama tanto, así que me imagino cómo le hablaremos a él sobre sus asuntos.

Los primero y más urgente es rechazar cualquier cosa que se asemeje a una mentalidad de "nosotros" contra “ellos”.

Jesús fue siempre honesto, con la verdad por delante. Él habló confiadamente a aquellos que lo desafiaron confrontándoles con su hipocresía y legalismo, sin embargo, lo hizo sin burlarse o menospreciando a nadie. No publicó cartas abiertas en las puertas de la ciudad y no ridiculizó públicamente a quienes lo interrogaron. Él los enfrentó con las Escrituras y el autocontrol. Al hablar con él no encontraban a uno que tenía argumentos mordaces ni que se riera a sus espaldas.

Enfócate en lo que es bueno

En los cuatro cortos capítulos de Filipenses Pablo anima, hasta en 15 ocasiones, a la iglesia a regocijarse. Es interesante notar que parece mucho menos preocupado en la razón de porqué son tan negativos que por animarles a que elijan cambiar. Su prioridad está en esa elección.

Identificar problemas es fácil. Seguir el llamado de Pablo para enfocarse en lo que es bueno, encantador y admirable requiere un trabajo intencional, y le da nueva vida a nuestras relaciones. Si Dios puede elegir no mirar más nuestro pecado, podemos optar por dejar de enfocarnos en las cosas que cambiaríamos en los demás y, en lugar de eso, encargarnos de amarlos.

Cuando nos volvemos cínicos sutiles, nuestra capacidad de crecer se atrofia. Piensa en esto: descubrir defectos fuera de nosotros mismos requiere poco o ningún sacrificio personal. Pero examinar las profundidades de nuestro propio quebranto requiere vulnerabilidad y riesgo, cosas esenciales para el crecimiento.

La vida en Jesús implica la muerte del yo (Marcos 8:34-35). Esto es difícil de hacer mientras nos aferramos a la creencia de que sabemos más que los demás. Pero a medida que nos movemos hacia un espacio de gracia, nuestros ojos se abren a las lecciones que antes nos cegaban, y comenzamos a encontrar los lugares que Dios desea tratar en nuestros corazones. Si estamos demasiado ocupados discutiendo las formas en que todos los demás necesitan cambiar, perdemos la capacidad de ver nuestra propia necesidad de restauración y nos atascamos en lugar de crecer.

Primero ora, luego habla.

Pablo comienza su carta a los Filipenses escribiendo que le agradecía a Dios cada vez que pensaba en ellos. Si modelamos el corazón de Pablo de esta manera, los pensamientos y palabras que siguen reflejarán a Jesús.

Hay ocasiones en las que una respuesta reflexiva, cariñosa y crítica es la más apropiada. Pero antes de dar cualquier paso debemos examinar nuestros propios corazones y considerar lo que es más beneficioso para el Reino de Dios: debemos estar dispuestos a no decir nada si eso desgarra a otros y obstaculiza el evangelio de Cristo. Lo que decimos importa así que hay que elegir cuidadosamente.

Es una cuestión de actitud.

En el último párrafo leímos que si hay algo que puede desgarrar el corazón de alguien y que puede estorbar el avance del evangelio, es mejor callar. Pero no podemos callar siempre porque eso genera otros ambientes tóxicos de desconfianza, así que hemos de estar preparados para hablar pero que al hacerlo prestemos mucha atención en cómo lo hacemos: una buena actitud es primordial.

Recuerda esto: «puede ser que lo que tengas que decir es verdad, pero si tienes una mala actitud tu verdad no ayuda en nada». La verdad sin misericordia no sana.


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Artículo publicado originalmente en Relevant Magazine por cmjoyner.

 

Edmundo Hernández, fundador de la plataforma IDEAS, es asesor y consultor de pastores y equipos de liderazgo desde la ciudad de Barcelona, España. Actualmente está traduciendo y adaptando un manual para desarrollar más efectivamente el sistema de células en las iglesias. Puedes descargarte otros materiales suyos en este enlace de recursos gratuitos.

 

 

 

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September 17, 2020

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