El proceso de renovación en el discípulo

 

La vida cristiana tiene que ver con cambio que se genera desde la vida interior. Esto es necesariamente así, porque el evangelio proclama que en Cristo hay una esperanza futura y una presente realidad de renovación. Esta posibilidad es por gracia. No se puede participar del don de la gracia sino respondiendo y siguiendo el evangelio. ¡Aquí esta el dilema!

Este dilema lo resuelve Pablo en sus epístolas gramaticalmente. A los indicativos le deben seguir los imperativos. Cada creyente tiene por la gracia la habilidad de renovación desde la vida interior. Hay en el pasaje de Romanos 12:1-3 varios elementos que lo afirman.

La epístola a los Romanos, esta carta se divide en dos secciones para estudio. En la primera sección, el apóstol Pablo expone los fundamentos de nuestra salvación (1-11), y en la segunda sección nos muestra cómo estos fundamentos afectan integralmente las vidas de aquellos que viven por fe la justicia de Dios (12-16). En esta última parte se ha conocido como la "DIDACHE", que eran las instrucciones que se daban a los creyentes, en relación con los aspectos éticos, demostrándonos el apóstol Pablo una vez más que toda Palabra de Dios está orientada hacia la vida de su pueblo.

El argumento central del apóstol Pablo, en esta última parte de la Epístola, es que la conducta justa (la vida exterior del creyente), conforme a lo revelado de Dios, es una cosecha del Espíritu o la reacción espontánea de un hombre controlado por el Señorío de Jesucristo en su vida interna.

En Romanos 12:1-3, el apóstol trata en primer lugar la transformación del hombre justificado, y el principio universal revelado en este texto es el siguiente: el creyente justificado es sometido cotidianamente a una obra transformadora por la gracia de Dios, a fin de que, alcanzando la debida madurez espiritual, conozca la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, para expresarla en el Cuerpo de Cristo.

Con frecuencia fallamos en conciliar el hecho de que nuestra santificación es tanto posicional como progresiva. La provisión de Dios, y nuestra entrada a esa provisión, son una obra instantánea de gracia. Pero la aplicación y aceptación de su obra son progresivas. Posicionalmente somos santificados y declarados santos por un acto de Dios. Progresivamente somos santificados por la obra interna de la gracia de Dios.

EL FUNDAMENTO DEL PROCESO DE TRANSFORMACION INTERNA. Romanos 12:1

El hombre justificado por la fe en Jesucristo, es animado por el apóstol Pablo a hacer un sacrificio de consagración. Los sacrificios que celebraban la reconciliación (ofrenda quemada y ofrenda de paz), son usados por el Espíritu de Dios para indicar que "el sacrificio o expiación ofrecido por Dios en la persona de su Hijo, debería ahora encontrar su respuesta en el creyente, en el sacrificio de una consagración completa y de una comunión íntima y profunda".

El apóstol Pablo apela a los sentimientos del corazón de los creyentes (os ruego), para que, en reconocimiento de lo que Dios ha hecho en sus compasiones infinitas, (salvación, justificación y santificación en Jesucristo), consagren a Él completamente "sus cuerpos en sacrificio vivo". ¿Cómo? Presentando vuestros cuerpos. "Presentéis" es un término usado para expresar la idea de poner el cuerpo a la disposición de Dios e implica en el pasaje que la consagración es un acto total. El cristiano es exhortado a presentar su cuerpo de una vez por todas para el servicio de Dios (actividad).

Esta persona completa o entera ha de volverse un sacrificio vivo a Dios, en contraste a los sacrificios del Antiguo Testamento, que eran animales sacrificados. Es el morir al pecado, viviendo el nuevo principio de vida recibido en el Señor Jesucristo, a fin de agradarle y servirle.

El acto sacrificial que le ofrezcamos a Dios debe también ser santo, en tanto somos apartados para Dios, a fin de ser diferentes de los no regenerados. Esto significa que nuestro ser y hacer depara en ajustarse a los principios de la vida de Jesucristo. Tal sacrificio será agradable a Dios, como ofrenda quemada de olor suave (2ª Corintios 5:9, Efesios 5:10 y Filipenses 4:18). Esta ofrenda es nuestro culto racional, lo que implica un servicio que es digno apropiado de una criatura racional que ha comprendido y reconocido que ahora es de Dios, y que solo Él se merece la adoración expresada mediante propio sacrificio vivo, santo y agradable. Por lo tanto, el culto racional es el sacrificio en adoración del creyente, que ha reconocido y recibido las misericordias de Dios, y que efectúa en un acto de consagración con miras al servicio permanente de la iglesia.

EL DESARROLLO DEL PROCESO DE TRANSFORMACION INTERNA Romanos 12:2

El hombre justificado y consagrado, es ahora conducido al progreso, mediante el rechazo de los principios del mundo sin Cristo, y contrariamente, a través de su sometimiento a la obra de metamorfosis o transformación.

No os conforméis. El consejo es no adoptar las formas o modas pasajeras y superficiales del mundo, como sus filosofías, ideales, presupuestos de vida, etc. Es decir, no debemos permitir que el mundo nos lleve a ajustarse a sus propios moldes, que son contrarios a la nueva vida que hemos recibido en Jesucristo. No nos adaptemos a las formas poco profundas del mundo sin Cristo. En dirección opuesta, el apóstol recomienda al que seamos transformados cotidianamente, bajo la obra santificadora del Espíritu Santo (2ª Corintios 3:18). La palabra "transformación" en el griego es "metamorfosis", que nos da la idea de una naturaleza que lleva en sí misma la capacidad de cambio de lo interior a lo exterior. Los hombres justificados tenemos esa nueva naturaleza en Cristo Jesús, este principio de vida que nos lleva en transformación constante (Efesios 4:13).

El medio o instrumento de la metamorfosis es la renovación de la mente. La renovación nos habla de "lo nuevo en calidad que viene de arriba" a transformar nuestro entendimiento. Jesucristo mismo, que constituye "las misericordias de Dios" en su totalidad, es lo nuevo, en calidad que viene a afectar nuestra conciencia reflexiva o capacidad de discernimiento, ejercitada por medio de la Palabra de Dios. La renovación de nuestra mente se traduce en hechos concretos de servicio a Dios y a nuestro prójimo (iglesia y sociedad).

El hombre justificado que ha presentado su personalidad entera en ofrenda a Dios, en tanto que su ser interior ha sido lleno del Señor Jesucristo, no puede adaptarse a las formas externas, simples y superficiales del mundo. Toda vez que éstas no representan lo que Él es internamente como hijo de Dios. Por ello su transformación es el proceso de cambio que hace posible que lo interno (Jesucristo), se llegue a expresar externamente. La santificación, vista como un proceso, no es otra cosa, sino la manifestación progresiva del "fruto del Espíritu Santo".

EL OBJETIVO DEL PROCESO DE TRANSFORMACION INTERNA. Romanos 12:2b

El creyente justificado, que está rechazando el estilo de vida del mundo, y que al mismo tiempo, está siendo transformado por el Espíritu Santo mediante la renovación de su mente, tiene un propósito fundamental: conocer la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

El "para qué" nos señala el objetivo: comprobar, es decir, apreciar o discernir, cuál es la voluntad de Dios, cuáles son sus caminos. Por medio del Espíritu Santo, el hombre justificado va adquiriendo la posibilidad de conocer la mente de Dios (1ª Corintios 2:16), y así comprender la razón de su existencia, en relación con Dios y sus semejantes.

El desarrollo espiritual al que nos somete el Espíritu Santo nos permite discernir los pensamientos de Dios. Esto es, deseos bondadosos, agradables y completos (perfectos), respecto a su Iglesia, a Israel y a los hombres impíos e injustos. Nótese el contraste con Romanos 11:33,34.

El contexto temático (Romanos 12:3) nos hace comprender la transformación del hombre, justificado y consagrado a Dios, por medio de la renovación y servicio dentro del cuerpo de Cristo (discernimiento del cuerpo de Cristo).

El creyente justificado es llevado, por el Espíritu de Dios, a comprender la voluntad de Dios, a considerar cuál es la función o ministerio en el cuerpo de Cristo, conforme a la gracia que le es dada por Dios. Apreciemos la intención del Espíritu Santo: lograr y conservar la unidad del cuerpo mediante la diversidad de ministerios, ejercitados conforme a las reglas prácticas que encontramos en los versículos del 9 al 13.

 

 




 

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September 17, 2020

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