5 peligros en la iglesia local

La historia del evangelio es dramática. Siempre se ha tratado de vida o muerte. Toda esa historia confluye en un sitio particular: la iglesia local. En ella vivimos cotidianamente toda clase de retos.


Hay una serie de peligros externos que amenazan a la iglesia día tras día tales como la persecución, el laicismo y el creciente ateísmo de la sociedad. No deberíamos extrañarnos de que esto sea así, pero también hay graves peligros internos que encaramos al liderar el avance de la misión del Reino de Dios en este mundo. Por ejemplo, es sencillo caer en la trampa de servir a la iglesia como si fuera un trabajo más, llevarla adelante como si se llevara una empresa o cualquier otra organización humana. Por eso creo que es saludable detenernos a reflexionar acerca de los cinco peligros latentes en cualquiera de nuestras iglesia.


1. Cuando los sistemas importan más que el Espíritu Santo.


Yo soy un promotor de los sistemas dentro de la iglesia. Seguir a Dios requiere disciplina y una buena administración de tiempo, energía y dinero. Los sistemas nos ayudan para eso y nos hacen más eficientes.
Sin embargo, si alguna vez comenzamos a apoyarnos más en los sistemas que en el poder del Espíritu Santo, estamos patinando sobre una peligrosa capa de hielo. Bajo lo demandante que es “producir” semana tras semana, a lo largo de las 52 que tiene el año, la siguiente celebración, es fácil caer en esta tentación. Esa maquinaria aplastante puede matar la pasión.


Ahora bien, la idea no es que ignoremos la manera de funcionar con sistemas adecuados o que nos deshagamos de ellos. De hecho, existe la profunda necesidad de que los desarrollemos cada vez mejor, lo cuál nos hará más efectivos en nuestro servicio. Aquí lo que debemos enfatizar es que hemos de mantener las prioridades ordenadas correctamente. Lo realmente importante es que el Espíritu Santo esté presente, y esto no parece sencillo cuando tenemos tantas fechas límite delante nuestro.


El Espíritu Santo no puede ser lo segundo en nuestra lista si es que esperamos el mover divino. Debemos permitirle que nos dirija en el camino, y de su mano, hacernos ayudar de los sistemas para alcanzar más gente y servirles de una mejor manera. Si ponderamos los sistemas sobre la presencia y mover del Espíritu Santo, la fina capa de hielo tarde o temprano se quebrará debajo de nuestros pies.


2. Cuando el nombre de la iglesia importa más que el nombre de Jesús.


El nombre de tu iglesia importa y puede darte una buena reputación en tu ciudad. Pero el peligro es que promuevas tanto el nombre de tu iglesia que el nombre de Jesús quede totalmente opacado.
Hay iglesias que tienen nombres sobresalientes y de gran influencia, eso es genial. Pero, «¡Hey, tú eres uno de esos seguidores de Jesús!», es siempre un mejor cumplido que: «¡Tú eres parte de esa gran iglesia que está de moda!».


Es fácil mencionar a Dios (no hay nada equivocado con ello), pero cuando mencionas a Jesús tú estás marcando claramente dónde estás. De esa manera la gente entiende mejor de qué y de quién estás hablando. Si tú ignoras el nombre de Jesús, él ignorará el nombre de tu iglesia.


3. Cuando los programas importan más que la oración.


Los programas por encima de la oración producen experiencias sin transformación. El asunto es que con este peligro potencial es la experiencia puede resultar buena, pero esto no significa que ningún impacto eterno esté sucediendo.


Entre más tiempo llevo liderando, más convencido estoy que la oración lo es todo. Tu iglesia o la mía pueden tener un gran equipo de liderazgo y excelentes programas que la gente ame y aprecie, pero el éxito a largo plazo realmente está basado en la oración.


Entre más lucho con mi agenda para encontrar tiempo para orar, esta también pelea más conmigo. Y hay una razón por la que mantengo viva esa pelea: sé que el enemigo hará todo por evitar que yo ore. De hecho, al enemigo le encantan los programas carentes de oración porque sabe que estos no representan ninguna amenaza. Pero hasta la más pequeña y humilde de las iglesias puede ser un baluarte del Reino si es una iglesia de oración.

 

(Nota: a muchos de nosotros lo que nos hacen falta es ver modelos. Para este punto en particular sugiero a cada pastor y líder que lee este post que haga un esfuerzo por visitar la iglesia Southland Church en Manitoba, Canadá. Tres veces al año celebran un evento llamado Church Renewal, y asistir puede ser un gran aliciente para tu renovación espiritual y la de tu iglesia)


4. Cuando la competencia importa más que la colaboración.
 

La competencia nunca es sutil y no suele pasar inadvertida, es un peligro muy grave que es difícil de vencer. Es complicado de derrotar porque realmente algunas competencias son saludables. Si estas vienen de un liderazgo bueno y bien enfocado conducirán a que la gente quiera crecer más en su fe y en una vida de excelencia ante Dios.


Es cuando la competencia está dirigida por los celos, el orgullo, la envidia o la inseguridad que estamos en un verdadero problema del que es difícil librarnos. Cuando tú estás molesto porque otro tiene mas que tú, entonces la competencia te tiene atrapado, y esto ni suma ni multiplica en el Reino, solo resta y divide.


La Escritura nos llama claramente a la unidad, tanto al interior de la iglesia como en la relación con otras iglesias. Cuando cerramos filas en un espíritu de colaboración, ya sea son la persona al lado de la cual servimos, con el equipo de liderazgo, o en una mesa colaboración con otra iglesia, entonces seremos difíciles de derrotar. Al cooperar unos con otros no estaremos  imponiendo nuestra manera de hacer las cosas, sino que juntos encontraremos una mejor manera.


5. Cuando la comodidad importa más que el sacrificio.


Al estar esto mencionado como último punto de este post no debemos pensar que es un peligro menos importarte.


¿Has notado que los plantadores de iglesias y las iglesias nuevas no están dirigidas por la búsqueda de comodidad? Se come, se duerme y se bebe pensando en la misión. Ellos hacen grandes sacrificios para poner en marcha la iglesia naciente. Para eso harán todo lo que sea, implique lo que implique.
Pero resulta que la misma iglesia, algunos años después, parece haberse quedado sin gasolina. Existen varias razones por las que esto sucede, pero si somos honestos, realmente son pretextos. La verdad es que ninguna cosa que tenga un valor real avanza sin sacrificios significativos.


Desde tu matrimonio en casa o el ministerio en la iglesia, deslizarse a la zona de confort es como estar en arena movediza. No notarás el peligro en el que estás hasta que las casi te han cubierto y te han inmovilizado. Grave peligro
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Dan Reiland es el pastor ejecutivo de 12Stone Church en Lawrenceville, Georgia. Este artículo fue publicado originalmente en su blog personal: Developing Church Leaders.


Edmundo Hernández es asesor de iglesias y de equipos de liderazgo. Vive en Barcelona, España, y junto con su esposa Karla Pawling lleva el ministerio i.D. (identidad y destino) desde donde desarrollan recursos para ayudar a las iglesias locales. Es el fundador de la plataforma www.comparteideas.com

 

 

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September 17, 2020

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